Casabindo

En la hondura helada de la tierra, altiplano andino, límite donde se trenzan el sol y el mundo, con una simple mirada intento materializar el silencio.

Dicen que el suri baila cuando viene la tormenta.

Cada 15 de Agosto, mes en que los pueblos andinos ofrendan a la Pachamama (madre tierra), mujeres promesantes y hombres vestidos con plumas reviven una fiesta ancestral.

La devoción a la Virgen María eleva el pedido de lluvias, fundamental en la puna seca.

Dicen que los toros salen a jugar.

En el centro del pueblito está la plaza, donde ya desfilaron las procesiones y ahora el sol parte la tierra. El espectáculo se asoma.

Toros que entran de a uno empujados al ruedo a enfrentarse con improvisados toreros, ávidos de arrebatar una vincha que lleva atada el animal entre sus astas, son el centro de atención.

Dicen que la fe mueve montañas.

A diferencia de las tradicionales fiestas taurinas del resto del mundo, en Casabindo no se hiere ni mata al animal. Aquel que logre arrebatar la vincha con monedas de plata, podrá orgulloso entregarla a la virgen como demostración de fe.

Las montañas siguen ahí vivas, con alguna cruz encima quizás moviéndose.

Coraje, fe y sincretismo se conjugan para dar lugar a un día festivo en pleno corazón de la puna jujeña.

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